jueves, 13 de junio de 2013

Muhammad Ali & John Lennon

Ya lo decía Muhammad Ali, que “el hombre que no tiene imaginación no tiene alas”. Las alas sirven para volar, y cuando hablamos de riesgos y seguridad de la información, la tecnología más que correr, vuela. Por tanto es importante tener imaginación, o no podremos estar al nivel que corresponde. La imaginación es condición sine qua non para ser un hacker. Y también para hacer frente al “mal”.

Con imaginación, aunque con cierto regusto a tópico, los muchachos de+Symantec nos piden en uno de sus últimos vídeos que alguien instruya “al abuelo” sobre la importancia de guardar los datos. Un mal clic, y el equipo puede llenarse de pantallas azules y advertencias poco deseables. Y hay mejores opciones para limpiar la computadora que meterla en el lavavajillas, como hace el personaje del vídeo de Symantec.



Sin imaginación, haría tiempo que el malware estaría desterrado. Pero “los malos” siempre buscan nuevas formas de llegar al usuario desguarnecido. “Mientras la gente insista en abrir e-mails de phishing, elegir contraseñas débiles, y dejar sus PCs desprotegidos”, los hackers siempre encontrarán un punto de entrada, afirma un interesante artículo de Cyber War Zone que explica por qué es más segura la cuenta de Facebook que la cuenta bancaria.

La imaginación y la malicia combinadas son capaces de hacer estragos. Las tarjetas de crédito “sin contacto” llevan presentes desde hace cinco años, pero es ahora cuando empiezan a experimentar un auge. Como es costumbre, donde el dinero suena, aparece el riesgo, y también expertos como Emms Martin para conjurarlo. Él y su equipo de la Universidad de Newcastle acaban de publicar un estudio en el que detallan cómo han sido capaces de producir un teléfono que obtiene datos de estas tarjetas de crédito: titular de la cuenta, número de 16 dígitos, fecha de caducidad…  *vamos, lo que se necesita para vaciar una cuenta en un abrir y cerrar de ojos*.

La imaginación es asignatura obligada (y muchas veces pendiente), entre los legisladores. De momento, que no es poco, los europeos lo solventan tratando de averiguar por dónde se mueve la corriente y elevando las penas para el acceso ilegal a los sistemas de información o las violaciones de sistemas de seguridad. Lo deseable sería que no tuvieran que ir parcheando, pero es difícil ya que, como decíamos en el primer párrafo, en materia de seguridad la tecnología vuela: se acaba de presentar el nuevo sistema operativo móvil de Apple, iOS7, y ya hay quien ha logrado saltarse la pantalla de desbloqueo. Y en el gran rival, en Android, algún desconsiderado ha logrado portar a todas las versiones anteriores a Android 4.2 Jelly Bean una vulnerabilidad para los kernel Linux.

Conjurar los riesgos es posible, pero entraña dedicación, tiempo y conocimiento. Cantaba John Lennon en Imagine aquello de “podrías decir que soy un soñador, pero no soy el único”. Los miles de desarrolladores que en el mundo se afanan porque la red sea un espacio para “volar” y no para tener las alas cortadas, también saben que quizá son unos soñadores, pero que no están solos.

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