miércoles, 30 de octubre de 2013

El doble filo de la fama

“Señal de tener gastada la fama propia es cuidar de la infamia ajena” (Baltasar Gracián, escritor español). ¿Es suficiente infamia tener 15.273 votos negativos (y subiendo) en Youtube? ¿Y si además te llamas Keith Alexander y estás a punto de abandonar una de las instituciones que hoy por hoy están en el ojo del huracán?

Pues esa es la cifra de “dislikes” que acumula el en breve director saliente de la NSA, en una entrevista publicada en el canal audiovisual por el Departamento de Defensa de EEUU, y conducida por una de sus periodistas estrellas, Jessica L. Tozer: “Sarcasmo. Ciencia ficción. Juegos. Personal friki”, dice en su perfil de Twitter @JLTozer.



Claro que si nos vamos al refranero, bien podemos decir aquello de “unos cardan la lana y otros se llevan la fama”. Porque mientras la NSA está en el ojo del huracán, la inteligencia rusa tampoco se priva. En el último encuentro del G20 se dedicó a distribuir pendrives con malware preparado para robar información, lo que nos suscita dos cuestiones: una, poco preparados han de estar los delegados que hayan aceptado semejante obsequio envenenado; dos, ¿de verdad pensaban los autores de la idea que se iban a “marchar de rositas”?

El gran debate que el caso Snowden ha puesto sobre la mesa es el de la privacidad. ¿Es posible el anonimato en la red? ¿Alguien es capaz de asegurar una experiencia online no invasiva? ¿Son ambas cosas compatibles? Rizando el rizo, el presidente de la Conferencia RSA, Art Coviello, ha reservado un titular explosivo para la exposición de apertura del evento: “El anonimato es el mayor enemigo de la privacidad”. De evento a evento, y sin salir del ámbito de una experiencia online segura, Net Security se hace eco de una de las charlas durante la última DefCon, que revela hasta qué punto una tecnología tan superada como el teléfono puede suponer para muchas compañías un problema más grave que el malware. ¿Cómo? Combinado con técnicas de ingeniería social.

De auténtica ingeniería es también la última operación de phishing que utiliza a la compañía American Express como forma de generar dinero fácil. Un mensaje limpio, con un enlace creíble, que inyecta de forma silenciosa código Javascript y termina pidiendo las credenciales al usuario, todo aparentemente sin salir de una navegación segura. Ojo con dónde se hace clic. Mientras se pueda prevenir, mejor. El siguiente paso es la infección: la última brecha de seguridad de Adobe reportó que habían quedado expuestos los datos de 3 millones de clientes. Bueno, pues no, son 38 millones, como acaba de revelar el prestigioso periodista especializado Brian Krebs. Cuando algo así sucede, no queda más que tratar de que la infamia ajena no sea excesiva, o se gastará la fama propia.

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