miércoles, 4 de diciembre de 2013

¿Fantasía o realidad?

“Toda fantasía debe tener una base sólida en la realidad” dijo el escritor inglés Max Beerbohm. En ocasiones, una fantasía puede incluso llevarse a la práctica para convertirla en una realidad incuestionable.



Hace unos días, vimos cómo Amazon está probando drones para el reparto de sus pedidos. Pues bien, tanto esa compañía como otras deben andarse con ojo porque ya hay quien ha encontrado la forma de hackearlos. El ingeniero Samy Kamkar ha desarrollado SkyJack, un drone que detecta a otros de estos autómatas y los hackea para hacerse con su control. De esta manera, podría llegar a componer un ejército zombie formado por varios de estos aparatos. Parece ciencia ficción, pero Kamkar ha grabado el vídeo que acompaña a estas líneas para que demostrar su potencial.



¿Y un virus que se transmite por el aire a través de sonidos inaudibles? Parece una idea muy fantasiosa, pero investigadores alemanes afirman que es posible. De hecho, han desarrollado un prototipo de malware capaz de transmitir las pulsaciones del teclado y otros datos sensibles desde una distancia de hasta 65 pies sin necesidad de red, simplemente con señales acústicas a través de un micrófono y altavoces.

Hay otras realidades difíciles de creer por su carácter extremadamente absurdo. Por ejemplo, algo tan apabullante como que el código secreto para el lanzamiento de las armas nucleares de EEUU fue “00000000”, durante 20 años. ¡Hasta un niño podría haberlo adivinado!

Por su parte, en Irán están preocupados porque afirman que precisamente su programa nuclear es el objetivo de un gusano que supuestamente estarían desarrollando Israel y Arabia Saudí con el fin de sabotear sus planes. ¿Fantasía o realidad?

Rumores aparte, hay amenazas reales que ponen en riesgo la actividad de muchas empresas. Se calcula que las organizaciones sufrieron de media nueve ataques del tipo APT (Amenaza Persistente Avanzada) en 2012, según el centro de investigación Ponemon Institute. Ataques muy peligrosos porque son dirigidos a objetivos concretos y suelen ser detectados en un promedio de 225 días después de producirse.

En otro ámbito, algunos cibercriminales se han llevado una bofetada de realidad al ver cómo la Europol, en coordinación con ocho países, se ha incautado de 690 dominios creados con el fin de engañar a los consumidores y llevarles a comprar productos falsificados.

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