jueves, 19 de diciembre de 2013

Mamá, hoy no quiero ir al cole

Mum, I don't want to go to the school today

¿Quién no se ha sentido agobiado alguna vez por los exámenes finales durante su época de estudiante? Seguro que a más de uno se le ha pasado por la cabeza dar un aviso de bomba falso para provocar el desalojo del edificio y no hacer el examen (o, al menos, retrasarlo).

Pero una cosa es fantasear con ello y, otra muy distinta, ponerse manos a la obra. Un estudiante de Harvard se enfrenta a una pena de hasta 5 años de cárcel por utilizar la clandestinidad de la red Tor para enviar un email anónimo con una amenaza de bomba que tuvo en jaque a las autoridades durante varias horas. Para su desgracia, la universidad controlaba las conexiones a Tor desde sus instalaciones.



Tor es una red formada por voluntarios alrededor del mundo y servidores que cifran y ocultan la información para alejarla de ojos indiscretos. Por ello, se ha convertido en un pilar fundamental de la llamada “web profunda”. Estos lugares de Internet, aparentemente ocultos para el usuario normal, son también el punto de encuentro para todo tipo de criminales.

Poco tienen que ver la habilidad y los conocimientos del chaval de Harvard con los de los ciberdelincuentes que hay detrás de la brecha de seguridad que ha sufrido el Washington Post por segunda vez en 3 años. Los hackers, presumiblemente chinos, han logrado acceder a los nombres de usuario y contraseñas cifradas de los empleados de dicho rotativo.

Sin embargo, este hecho no parece gran cosa si se compara con el robo masivo de la información de tarjetas de crédito de millones de clientes de la cadena de tiendas estadounidenses Target. En este caso, todo apunta a que los criminales se las apañaron para manipular hasta 40.000 lectores de tarjetas de banda magnética a lo largo y ancho del país.

Pero el fraude que han descubierto en Brasil se lleva el premio gordo. Imagina que vas a sacar dinero de un cajero, metes tu tarjeta y tu PIN tranquilamente, pero no te devuelve el dinero que le solicitas. Puedes pensar que a la máquina no le quedan fondos. Lo que nunca se te pasaría por la cabeza es que se trata de un cajero falso colocado sobre uno original. ¡Hay que verlo para creerlo!

No obstante, si el cajero de pega resulta algo estrambótico, no lo son menos las pruebas que llevan a cabo unos investigadores sobre sistemas de cifrado. Colocando un micro cerca del procesador de un ordenador, han sido capaces de descifrar las claves de uno de los algoritmos de cifrado más seguros, el RSA de 4096 bits.

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