viernes, 24 de enero de 2014

Es la economía, estúpido

“¿No es extraño? Los mismos que se ríen de los adivinos se toman en serio a los economistas.”. La cita, anónima, refleja claramente el estado de opinión hoy en día en torno a los escenarios económicos que nos esperan, tras seis años de recesiones encadenadas y de una crisis cuya salida todavía no se ve clara. 



Uno de los lugares en los que se debate el futuro de la economía es Davos (Suiza), en el Foro Económico Mundial. Esta controvertida pero de indudable influencia reunión anual ha vuelto a poner sobre la mesa uno de los documentos con más visos de futuro: Riesgo y responsabilidad en una economía hiperconectada. Un informe desarrollado de manera periódica y que en esta ocasión se ha elaborado con el apoyo de la consultura McKinsey. En él, se abordan, entre otros, los siete puntos clave para abordar la ciberseguridad desde modelos que deben ser diferentes, pero también basados en un consenso común.



Pero mientras la economía internacional sigue dando bandazos, o quizá justamente por ello, los cibercriminales tienen claro cuál es su objetivo: conseguir dinero, rápido, fácil y barato. Y más rápìdo, fácil y barato imposible: un vídeo explica lo sencillo, lo vertiginoso y lo accesible que es clonar cientos, miles de tarjetas de débito / crédito. Y no se queda solo en la teoría, no: en EEUU ha caído una banda que se dedicaba a robar el dinero de los clientes de gasolineras, clonando las tarjetas por Bluetooth. La economía y la tecnología avanzan de la mano del riesgo: mayores facilidades implican también mayores ocasiones de caer en la trampa.

Un ejemplo de esto último lo proporciona la integración de la búsqueda por comandos de voz en el navegador Google Chrome: un gran aliado para una navegación más cómoda y fluida… y también para dejar expuestas todas tus conversaciones privadas. ¿Quién quiere construirse una NSA teniendo a mano una vulnerabilidad así? A su vez, la economía, la seguridad y el riesgo tienen otro punto en común: la de los hackers éticos que llevan al límite la tecnología y se ganan la vida descubriendo vulnerabilidades. Nada menos que 33.500 dólares se acaba de llevar uno de ellos de las manos de Facebook, por explotar vulnerabilidades sobre Open ID por las que Google solo le había ofrecido 500 dólares. No está mal para una época de crisis. ¿Saben de esto en Davos?

Claro que a lo mejor los dueños del mundo prefieren seguir centrando el debate sobre economía y ciberseguridad en perseguir a los infractores del copyright. Que es algo a tener en cuenta pero es una perspectiva muy limitada. En ese caso no faltarán situaciones esperpénticas como la vivida en un cine de Estados Unidos, donde se desplegó un operativo policial que deja en mantillas a cualquier filme de acción, para detener a un hombre que había accedido a la sala con unas Google Glass. El hombre, que no había hecho uso de ellas para ninguna actividad delictiva, fue tratado durante una hora como un criminal de máximo peligro. Y para colmo del esperpento, afirmó que usaba las gafas de la gran G por prescripción.

Hace unos años la seguridad de la información podía parecer cosa de adivinos. Hoy es una materia de incalculable valor. Bienvenida sea cualquier vinculación de los líderes mundiales para con esta cuestión. Saldremos ganando todos, y no solo quienes tengan máquinas para almacenar datos privados que, estadísticamente, resultan imposibles de tratar en su totalidad.

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