miércoles, 8 de enero de 2014

Espiando en soledad

La madre Teresa de Calcuta dijo en una ocasión que “la soledad y el sentimiento de no ser querido es la más terrible pobreza”.  Inmensamente sola y pavorosamente pobre se debe de sentir la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos, a pesar de haber acaparado durante meses la atención de todo el planeta debido a las noticias que se han filtrado sobre sus métodos de espionaje.

Espiando en soledad

En su propio país, en el Estado de California, hay senadores intentando que se prohíba por ley que los organismos estatales faciliten agua corriente o electricidad a las instalaciones de la NSA, bajo el nombre de Ley de Protección de la Cuarta Enmienda.



También sienten la presión las personas u organizaciones que tienen relación con la Agencia. Por ejemplo, se ha pedido que el experto en criptografía de la NSA, Kevin Igoe, abandone su puesto en el Crypto Forum Research Group (CFRG) - entidad que colabora con grupos de trabajo que desarrollan estándares criptográficos - por miedo a que pueda influir en su desarrollo para favorecer los intereses de la impopular agencia. Sin embargo, dicha petición ha sido rechazada con el argumento de que los procesos del grupo son completamente transparentes y de que el señor Igoe no tiene capacidad para influir sobre los aspectos técnicos de los proyectos.

También el foco de atención se sitúa sobre la firma RSA, por la sospecha de que la NSA llegó a un acuerdo de 10 millones de dólares con ellos para la implementación en una de sus herramientas criptográficas de un generador de números aleatorios que les favorecía, lo que ha llevado a varios expertos a cancelar su participación en la conferencia anual de la compañía. El primero fue Mikko Hypponen de F-Secure, al que han seguido Adam Langley y Chris Palmer (Google), Chris Soghoian (American Civil Liberties Union), Marcia Hoffman (EFF), Alex Fowler (Mozilla),  Josh Thomas (Atredis Partners) y Jeffrey Carr (Taia Global).

A todo esto, se suma la noticia de que la NSA podría haber espiado a la Secretaría de Seguridad Pública de México en una operación llamada White Tamale, según unos documentos filtrados por Snowden al diario alemán Der Spiegel. Revelaciones como éstas conducen a que, cada vez, más ciudadanos y gobiernos den la espalda a la Agencia norteamericana y acrecenten su aparente soledad.

Pero no toda la actualidad viene marcada por la NSA. Ciudadanos y empresas se enfrentan a muchos más peligros en Internet. Los propios empleados, por ejemplo, representan un riesgo recurrente en el mundo corporativo. De hecho, según una reciente encuesta, la alta dirección es más proclive a mandar información sensible a la persona equivocada (un 58% frente al 25% del conjunto de los empleados) o a llevarse consigo documentos cuando abandonan su empleo (el doble que el conjunto de los trabajadores).

Las empresas también deben enfrentarse a las amenazas de la llamada “Internet de las cosas”. Se trata de aparatos con una función determinada como routers, cámaras de vigilancia o impresoras conectadas a la red corporativa y a las que, por tanto, se puede acceder de forma remota. Estos dispositivos no suelen ser parcheados por lo que se corre el riesgo de que un gusano como el recién descubierto Zollard se haga con su control.

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