sábado, 18 de enero de 2014

La reforma de la NSA

“Las reformas que propongo ahora deberían darle al pueblo estadounidense una mayor confianza de que sus derechos están siendo protegidos, incluso cuando nuestras agencias judiciales y de inteligencia mantienen las herramientas que necesitan para que estemos seguros”. Obama comenzaba así su discurso en el día de ayer sobre el futuro de la NSA.

“Creo que los críticos tienen razón al señalar que sin las debidas garantías, este tipo de programas podrían ser utilizados para generar más información sobre nuestra vida privada y abrir la puerta a programas de recolección de información indiscriminados y más intrusivos”. Frente al Departamento de Justicia, el Presidente de los Estados Unidos se mostró optimista a una reforma del sistema de espionaje del país. Una reforma cuyo eje principal gira entorno a la protección y abandono de la vigilancia de líderes aliados y de las escuchas de los ciudadanos, hasta dos grados de relación con un sospechoso, y que tendrán que pasar obligatoriamente por un juez antes de llevarse a cabo.

La canciller Angela Merkel celebró la decisión de EEUU en espera de fijar los pormenores de un pacto de antiespionaje mutuo. No ocurría lo mismo en Brasil, donde la presidente Dilma Rousseff dijo que no haría comentarios, y la senadora Vanessa Grazziotin, cabeza del Senado Brasileño, concluía que “el espionaje de amigos y aliados nunca debió haber ocurrido”.

Quedan por tanto varias dudas sobre dónde se almacenarán todas esas comunicaciones (ya que en principio la NSA perderá la potestad de almacenarlas) y si se seguirá interfiriendo en los datos enviados por la red. En ningún momento se señaló la necesidad de legislar las comunicaciones digitales que el Grupo de Revisión de las Tecnologías de Comunicación había presentado a finales del año pasado: Ni el abandono de explotación de 0-Days, ni el control de la agencia sobre estándares de cifrado presentes en casi todos los sistemas digitales, ni el uso que se da a toda esa información sustraída. En su defecto, el Presidente dio un plazo de 60 días para reformar el resto de herramientas usadas por la NSA para interferir en comunicaciones telefónicas, y para espiar a países aliados.

Quizás llegados a este punto, y en espera de que ver los resultados de la reforma, podamos respirar tranquilos al saber que por mucha información que el organismo sea capaz de almacenar, su procesamiento se está volviendo por momentos una labor casi imposible de mantener. El obtener información de valor de grandes volúmenes de datos es una asignatura pendiente, y difícilmente salvable con las capacidades de la inteligencia artificial de nuestros días, lo que obligaría a contar con un filtro humano capaz de comprender realmente el funcionamiento complejo de nuestro lenguaje, y por tanto, a unos fondos con los que ni siquiera la NSA cuenta.

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