viernes, 31 de enero de 2014

Una mala chispa, un mal clic

“Si no contiene más que lo que hay en el Corán, es inútil, y es preciso quemarla; si algo más contiene, es mala, y también es preciso quemarla”. Así de taxativo (y de tramposo), er el Califa Omar al referirse a la Biblioteca de Alejandría, un templo del conocimiento que se resistía a desaparecer a pesar de los continuos asedios a cargo de los “hackers” de la época.

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Las catástrofes en las bibliotecas son la versión en papel y soporte físico de las temidas brechas de seguridad de los modernos tiempos digitales. Una mala chispa en ellas equivale a un mal clic en un mal sitio. Si damos por buena la versión de algunos historiadores clásico (discutida por autores más contemporáneos), de que Julio César fue el causante del incendio de la Biblioteca de Alejandría que se llevó por delante medio millón de volúmenes, sería un daño equivalente a casi 600 Gb de información. Todo un gravísimo acontecimiento que no fue superado hasta la Segunda Guerra Mundial con el bombardeo nazi a las bibliotecas de Polonia.



Esa es la información, al menos, que nos brinda una interesantísima infografía sobre las pérdidas de datos más graves a lo largo de la historia, descontadas eso sí las filtraciones de datos de Edward Snowden, que deben superar a todas las anteriores. A propósito de la NSA, el CEO de Oracle, Larry Ellison, ha proclamado nada más y nada menos que la inviolabilidad de los servidores de su compañía. Muy seguro ha de estar para una afirmación de semejante calibre. Porque, la verdad, está el patio como para presumir de nada en estos temas.

Fíjense en GoDaddy, que empieza a reconocer que sí, que bueno, que quizá algo tuvo que ver en la escalofriante y muy instructiva historia de Naoki Hiroshima, quien perdió su muy valorada cuenta de twitter @N después de que un desalmado con pasamontañas digital fuera tomando el control de su cuenta de Facebook, la de Paypal y de prácticamente su vida entera, hasta que le dijo, a las claras y con toda la parsimonia del mundo: tengo tu vida en mis manos, tú decides, o liberas tu cuenta de Twitter, o nunca más volverás a ver tus datos contigo. ¿Quién se acuerda de Alejandría ante una amenaza así?

Otro ejemplo de lo arriesgado que es presumir en estos tiempos: alguien se ha vuelto a colar por la puerta de atrás de Yahoo y ha obligado a la compañía a resetear a toda prisa las contraseñas de un número todavía indeterminado de usuarios. Aparentemente no es culpa de Yahoo, sino de un servicio que almacenaba esos datos, de igual forma que Target no parece responsable directa del fraude masivo de semanas atrás, sino que todo se resume en el nada inocente robo de las credenciales de uno de sus vendedores.

Un mal clic. Un mal despiste. Una mala chispa. Medio millón de ejemplares destruidos. Y una vida digital, unos ahorros, o todo el orgullo de una compañía que se van por los suelos en un amén Jesús.

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