miércoles, 18 de junio de 2014

Te voy a contar una historia sobre ciberseguridad

Os voy a contar una pequeña historia. Érase una vez, en un pequeño planeta azul, una sociedad cuyos ciudadanos vivían permanentemente conectados unos con otros a través de la tecnología.  No obstante, a pesar de todas las bondades que les brindaba ese increíble nivel de intercomunicación, un sinfín de amenazas se cernían sobre ellos.

Algunas tenían forma de un teléfono móvil aparentemente inofensivo. Pero, en realidad, la imitación china del Samsung Galaxy S4, llamado Star N9500, contenía malware espía instalado de fábrica. Así que aquellos consumidores que adquirieran dicho terminal podrían ser monitorizados desde un servidor chino. 

En aquel mundo de redes y dispositivos electrónicos también existían códigos maliciosos llamados ransomware porque su función era la de “secuestrar” el ordenador e, incluso, los archivos de la víctima a cambio de un rescate. Algunos eran más sencillos de combatir, como “Reveton” o “PowerShall”, mientras que otros como “CryptoLocker” se lo ponían muy complicado a los expertos en seguridad.

No obstante, una importante compañía tecnológica de aquel curioso planeta llamada IBM aseguraba que el 95 por ciento de los incidentes de seguridad se debían, de una manera u otra, a errores de sus propios habitantes. Por lo tanto, el problema no residía muchas veces en la tecnológica en sí, sino al mal uso que se hacía de ella.

En cualquier caso, llegó un momento en que el altísimo grado de interconexión y de compartición de información comenzó a preocupar a aquellos seres tan apegados a sus dispositivos. ¿No estarían cediendo demasiado espacio de su vida privada a las compañías y a los gobiernos? Esta pregunta se acentuó aún más, una vez que se enteraron de que los servicios de inteligencia de algunas regiones habían estado interceptando comunicaciones de todo tipo. Así fue como el Laboratorio de Investigación de ESET Latinoamérica concluyó que la pérdida de seguridad era una preocupación en auge y que había que comenzar a educar a los usuarios en el uso seguro de la tecnología.

Algunas medidas que debían tomar los pobladores del planeta azul eran utilizar métodos de cifrado en todas sus comunicaciones, acostumbrarse a navegar por redes anónimas como Tor, y usar software que les permitieran realizar todo tipo de tareas sin dejar ningún rastro.

Sin embargo, algunos gobiernos incentivaban activamente la búsqueda de nuevos talentos que fueran capaces de luchar contra las ciberamenazas que atenazaban al planeta. Por ejemplo, el reto de ciberseguridad para escuelas del programa “Ciberjuegos 2.0” ponía a prueba a jóvenes de hasta 720 escuelas para que ‘crackeasen’ sistemas codificados, de forma que pudieran rescatar a un rehén

A estas alturas del artículo ya habrás deducido que el planeta azul no es otro que la Tierra y que sus ciudadanos somos cada uno de nosotros. Por lo tanto, la historia que acabas de leer está más que basada en hechos reales. Si te interesa mantenerte a salvo de tanta amenaza tecnológica, te invitamos a seguirnos a través de cualquiera de nuestros canales sociales (tienes los enlaces en la barra lateral) o aquí, en nuestro blog.

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