lunes, 13 de octubre de 2014

La libertad es la esclavitud

Winston Smith, uno de los trabajadores del Ministerio de la Verdad, encargado día tras día de reescribir la historia, llega a una conclusión que lo horroriza y tranquiliza por igual: ”¿Cómo vas a tener un eslogan como el de "la libertad es la esclavitud" cuando el concepto de libertad no exista? Todo el clima del pensamiento será distinto. En realidad, no habrá pensamiento en el sentido en que ahora lo entendemos. La ortodoxia significa no pensar, no necesitar el pensamiento. Nuestra ortodoxia es la inconsciencia”.


Es parte de la conocida novela de George Orwell, 1984, que esboza un distópico mundo consumido por una guerra fría entre tres superpotencias, siempre desde el punto de vista de Oceanía, dirigida por IngSoc y la inmutable presencia del Gran Hermano. Para aquellos preocupados por la privacidad, la obra es un fiel reflejo de lo que una sociedad moderna esclavizada podría llegar a erigir. La reciente entrevista que The New Yorker Festival realizó a Edward Snowden, y cuyo vídeo acompaña el artículo, debería ser otra referencia inexcusable. En ella, Snowden ataca a la escasa privacidad de servicios en la nube como DropBox, Google o Facebook, y la importancia del cifrado en toda comunicación digital.

Mientras tanto, en California se debate sobre el valor y los peligros de implantar un sistema de aeroplanos espías sobrevolando las ciudades, con la intención de que dejen constancia de posibles asesinatos o robos. PPS (Persistent Surveillance Systems) es visto por unos como una gran herramienta para llegar a la verdad en la mayoría de casos de disputa civil, mientras que para otros, representa un asalto a la privacidad que nos acerca un poco más al estado de permanente control por parte del gobierno.

La privacidad está en boca de todos. Las recientes fugas de imágenes comprometidas de famosas de los servidores de iCloud se unen al ataque que este fin de semana recibía Snapchat gracias a aplicaciones de terceros. Otras veces, es simplemente una mala gestión de nuestros archivos lo que lleva a una usuaria como Delia en A Coruña a descubrir que cuatro vídeos personales están circulando por su ciudad debido a la picaresca del equipo de reparación de ordenadores de su tienda habitual de informática.

Unamos esto a la dificultad que tiene en nuestros días una empresa para implantar una metodología de seguridad que cubra todos los frentes. Frost & Sullivan difundían esta semana un estudio demostrando que al menos el 25% de las empresas es incapaz de controlar la seguridad BYOD, social media, smartphone, virtualización y servicios en la nube por igual, estableciendo planes de gestión de riesgo insuficientes.

Tanto es así, que no llega a sorprendernos que una empresa de la talla de HP descubra dos años más tarde que el certificado que usan para firmar el software que desarrollan también ha servido para firmar algunos malware. A día de hoy ya han revocado el acceso, pero el mal ya está hecho.

Y terminamos con un caso de estudio. Selfmite, uno de los gusanos más viejos del sistema operativo Android, vuelve a las andadas con una nueva versión. Aprovecha el click fácil que tienen muchos usuarios (típica promoción de una aplicación gratuita, por ejemplo), para descargar un APK que es el encargado de propagar la petición a otros 20 contactos de nuestra agenda, e instalar, por medio de Mobomarket, el resto de aplicaciones infectadas, como puede ser una versión de Google+ diseñada para robarnos la cuenta o suscripción a servicios premium de SMS.

Elementos todos de un panorama tecnológico complejo, que alimenta nuestros mayores temores y consuelos. La lucha sigue en las calles, y mientras, nosotros seguiremos por aquí, informando y compartiendo con vosotros todo lo que aprendamos. Porque la información, a fin de cuentas, es poder, y este nos aleja de la esclavitud.

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