jueves, 18 de diciembre de 2014

El Gran Dictador Hacker

"Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos, nuestra inteligencia duros y secos; pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que máquinas, necesitamos humanidad; más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo". 'El Gran Dictador'. Charles Chaplin. 1940. Uno de los discursos más vibrantes, emotivos e inmortales en toda la historia del cine. 


¿Habríamos llegado a ver El Gran Dictador si en aquellos años de guerra mundial declarada hubiera habido criminales a sueldo de Alemania, capaces de poner de rodillas a toda una industria del cine? Porque eso es lo que, en apariencia y de primeras, han logrado los criminales que estos días han desvalijado cuanta información han podido hackear en Sony Pictures. El grupo aparentemente financiado por Corea del Norte ha conseguido que la compañía cancele el estreno de The Interview, una comedia política que hace tanta burla de Kim Jong-Un como en su día hizo el inmortal Chaplin con la aberración humana que significó Adolf Hitler.

Claro que lo de Sony se puede quedar en nada si empezamos a tener noticias frecuentes como la que pone en entredicho todo el panorama de Internet: la ICANN ha sido hackeada. Vamos a decirlo de otra manera: han entrado en la base de datos que hace posible Internet. De momento (a la vista está), no han roto la red. Pero cualquier día...

La cuestión que flota en el ambiente es si se trata de una victoria a manos del terrorismo cibernético, o si es una nueva "normalidad" con la que debemos aprender a convivir: si no quieres que te hagan daño, no provoques a los malos. Y, de rebote, la pregunta que cada vez nos hacemos: ¿en quién dejamos nuestra seguridad ante los malos? El investigador español Chema Alonso se hace esa pregunta en su último post, acerca de la garantía de la privacidad y los protocolos que puede imponer Google. ¿Interés filantrópico o interés comercial? ¿Legítimo o no legítimo? ¿Quién debe cuidar de la privacidad?

Los malos están ahí, no nos cansaremos de decirlo, al acecho de cualquier vulnerabilidad. Mucho se ha hablado de los peligros del Internet de las Cosas (IoT), pero parece que los principales fabricantes siguen "a por uvas". El analista de seguridad y colaborador de este Centro, Pablo Fernández Iglesias, pone en entredicho la seguridad de dispositivos pareados como un smartwatch y un smartphone, que dependen de un PIN de 6 cifras y comunicaciones en claro. Es decir, nuestra vida al alcance de cualquiera.

Así las cosas, no es fácil que los consumidores terminen de fiarse del todo de lo que hacen en el online. Un estudio reciente publicado en Net Security parece querer llamar a las cosas por su nombre, cuando afirma que solo 1 de cada 100 consumidores se fían (de verdad) de las compras que hacen con su dispositivo móvil. Y ojo que no hablamos de cualquier proveedor de servicios. Hablamos de intermediarios del tamaño e implantación de Apple Pay o Google Wallet.

Y a pesar de todo, aprendemos cada día a imponer el sentido común como primera e ineludible barrera de seguridad. No se puede eliminar el riesgo, pero sí se puede limitar sus consecuencias, y el punto de partida es el eslabón más débil, el propio usuario. La firma Security Innovation nos deja un vídeo de dos minutos en el que vuelve a repasar los "básicos de temporada" para evitar al máximo ser infectados por malware. Nada nuevo, pero sí necesario. Siempre.


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