jueves, 11 de diciembre de 2014

Todos llevamos un hacker en nuestro interior

1961 es una de las fechas más importantes del mundo tecnológico. En aquel año, los chicos del comité de Señales y Energía del Tech Model Railroad Club, se hicieron con una de las primeras computadoras PDP-1. Este grupo pasaría a ser más tarde el núcleo del Laboratorio de Inteligencia Artificial del MIT, el centro más destacado de IA del mundo a principios de los 80. Y el que acabaría por acuñar el término hacker en la conciencia colectiva.


Hacker, una de las palabras más controvertidas de los últimos años. Hackers como sinónimo de pirata informático, de aquel que está detrás de vulnerabilidades como POODLE, que da el paso de SSL a algunas versiones de TLS. Ni desactivando la retrocompatibilidad con SSL nos libramos ya.  La versión TLS 1.2 parece ser también vulnerable.

Hackers como aquellos programadores autores de las numerosas variantes de malware que nos hemos encontrado en lo que va de año. Un malware que evoluciona y se ramifica por momentos, con el fin de pasar desapercibido entre los motores de antivirus más utilizados. La inclusión de fragmentos de código aleatorio, de herramientas de automatización en el desarrollo de nuevas variantes, no ha hecho aumentar su propagación, pero sí complicar el trabajo de los organismos encargados de su control y monitorización.

Hacker es la palabra usada en TheRegister para hablar de aquellos cibercriminales que durante al menos 5 años han estado interviniendo comunicaciones de Charge Anywhere, un servicio de pagos móviles. Cinco años, que se dice pronto, con el peligro que ello conlleva para la privacidad y seguridad de los datos de sus clientes.


Hackers en ciberguerra, hacktivistas que se posicionan en un u otro lado. Elementos nocivos cuya tendencia para 2015 es que irán en aumento. Ciberguerra y ciberespionaje, tanto de los buenos, como de los malos, y el aprovechamiento de las vulnerabilidades del Internet de las Cosas, con la privacidad como eje del discurso.


Hackers capaces de ocultar información en fuentes públicas, de mil y un maneras. Así lo demuestran las numerosas técnicas de esteganografía. Hay para todos los tipos: desde imágenes en cuyas entrañas albergan información que no debe ser vista, hasta textos generados semánticamente como Caballos de Troya para la propagación de malware. La esteganografía vista también como una manera de mantener comunicaciones privadas, ahí cuando el canal utilizado deja de serlo.

Por todo ello, acompañamos el artículo de hoy de ese vídeo que los chicos de ESET LATAM grababan en apoyo de la recuperación del verdadero valor del término hacker. Los hackers no son piratas informáticos. Tampoco son cibercriminales, ni activistas digitales, ni espías, ni terroristas. Son personas curiosas, que dedican su tiempo a cultivar el conocimiento, sea de la materia que sea (porque uno puede ser hacker de la cocina, no hablamos únicamente de informática).

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