miércoles, 21 de enero de 2015

La compleja sociedad de las hormigas

Las hormigas son unos animales fascinantes. Por lo general, miembros de diferentes hormigueros son muy agresivos entre sí. Pero ocurre en algunos lugares del mundo que varias castas establezcan “pactos de amistad”, dando como lugar una supercolonia, como la de la isla de Hokkaidō en Japón, formada por 306 millones de hormigas obreras y alrededor de 1 millón de hormigas reinas, conviviendo en una vasta metrópoli formada por 45.000 hormigueros interconectados. Un ecosistema social que rivaliza en complejidad al nuestro.


Entre las hormigas también aparecen discrepancias, y cuentan con un estricto conjunto de leyes que se va adaptando al medio. En nuestro mundo, un día al presidente Obama le da por anunciar que aumentarán las medidas de seguridad y legislación contra los hackers, y al día siguiente el propio partido demócrata y varios expertos tecnológicos se le echan a la yugular. Medidas que afectan tanto a cibercriminales como a investigadores de seguridad, y que podrían hacer peligrar el trabajo de muchos de estos especialistas.

Aunque alrededor del 90% de las hormigas de una colonia sean obreras, y por ende, tengan en su ADN los principios de la construcción, ninguna (que se sepa) ha sido vista jugando a Minecraft, y por tanto, no tendrán que enfrentarse a una fuga de información de cerca de 1800 jugadores que descubrían hace unas horas que sus direcciones de correo y contraseñas habían sido expuestas en texto plano. Pares email-contraseña que afecta mayoritariamente a usuarios alemanes, y que podría comprometer otros servicios.

Estos peculiares insectos son capaces de transformarse según las necesidades. Si el hormiguero necesita mayor porcentaje de machos (guerreros) o una nueva reina, cualquier obrera puede mutar y afrontar su nueva realidad. Precisamente algo por el estilo es lo que los equipos de ciberdefensa hacen a diario para defenderse de las botnets. Mutan sus sistemas para detectar intrusiones o peticiones a DNS extrañas, revisando continuamente la lista y contrastándola con otras reconocidas a nivel mundial como maliciosas.

La seguridad del colectivo depende de muchísimos factores, y estos pequeños animales son capaces de realizar hazañas heroicas. En África, las hormigas rojas son capaces de unir sus cuerpos para formar balsas que permitan al resto de la colmena utilizar los ríos para cambiar de zona. Trasladado a nuestro sector, queda palpable que la seguridad de una compañía no depende únicamente del software. Yolanda Ruiz de Ontinet nos cuenta dos casos en los que la seguridad de una empresa se ha visto comprometida por fallos en la organización y una gestión inadecuada de los permisos de acceso. Y por ENISA, nos sorprenden con un estudio sobre cómo estructurar y tratar la información recopilada en respuestas a incidentes de seguridad. Un aspecto crítico en las organizaciones, sean humanas o animales, que en algunas ocasiones acaba por superarnos.

Todo ecosistema, a fin de cuentas, es imperfecto. Si una de las hormigas pierde el norte y se separa del camino marcado en la recolección de comida, las que vienen detrás acaban por seguirla, pudiendo, en casos extremos, pasar días dando círculos hasta que el grupo se vuelve a organizar o perece por inanición. Android, el SO móvil que mayor porcentaje de mercado tiene, también muestra síntomas que vulneran la confianza (y la seguridad) de sus usuarios. Un ecosistema que no es tan perfecto como todos quisiéramos que fuera, y cuya solución se antoja aún muy lejana. Tanto que quizás nunca acabe llegando.

Hormigas y humanos, tan iguales y a la vez tan distintos. Cada uno con sus limitaciones, luchando día a día por afrontar de la mejor manera la complejidad de su sociedad.

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