jueves, 5 de marzo de 2015

Ciberseguridad azul y negra... o blanca y dorada

"¿Entonces qué colores son? ¿Blanco y dorado, o azul y negro?". Pocas imágenes como la del vestido que cambia de color según quién lo vea han sido tan virales. Discusiones de todo tipo, en cafeterías, en oficinas, en colegios, con el smartphone en la palma de la mano y enseñando a todo el mundo la imagen.


Y entonces, ¿el cibercrimen va o viene? ¿Crece o decrece? ¿Tiene coto o no lo tiene? Como en el caso de la imagen, depende de quién lo mire. Y para ser exactos, de la sensibilidad que cada cual tenga respecto a la parte del cibercrimen en la que se fije. Si nos paramos en reportajes como el elaborado estos días por Silicon News, nos encontraremos con un panorama bastante negativo. Informes procedentes de todo tipo de actores del mercado, que nos dejan bien claro que vamos de mal en peor y cuesta abajo y sin frenos. Y con una advertencia de cabecera: "La ciberdelincuencia se ha convertido en una desagradable consecuencia de la sociedad conectada en la que vivimos".


Pero si nos vamos a observar una parcela de esa realidad, dejamos de ver el vestido en tonos negros y empezamos a verlo en tonos blancos. Nos referimos a los troyanos financieros, según un revelador estudio de Symantec que anota un importante descenso en esta variante de las amenazas online: un 53% menos de infecciones, y un 74% menos de e-mails de phishing. La firma de seguridad sugiere que esta caída puede deberse al incremento en el número de arrestos y desarticulaciones de redes por parte de las fuerzas de seguridad.

Y como en el caso de los colores del vestido, llegamos a una de las grandes preguntas de la ciberseguridad: entonces, ¿se puede o no se puede desactivar fácilmente un ataque DDoS? Es una de las pesadillas constantes en entornos corporativos: web caída, servicio al cliente inoperante, ingentes recursos destinados a desviar tráfico ilegítimo, errores de todo tipo, etc. Los ciberdelincuentes saben donde atacan. El pastel de las grandes corporaciones es muy apetitoso, pero también limitado. Así que el grueso de estos ataques va destinado a empresas de un máximo de 999 empleados. Y dentro de este grupo, el mayor número de ataques los reciben empresas de menos de 250 empleados. Pymes del mundo: armaos para la ciberguerra, y dejaos de vestidos virales.

Claro que lo grave no sería que el vestido fuese del color que cada cual lo viera, sino que según el color que cada cual ve así quede clasificado como ciudadano de uno u otro tipo. Y la verdad es que no es un escenario del todo inviable, habida cuenta de cómo se las gastan las autoridades y las fuerzas gubernamentales en la parametrización de cada más mínimo detalle de sus administrados. Al menos eso es lo que argumentan los cotillas/héroes/delatores como Edward Snowden, sobre el que se basa el documental reciente ganador de un Oscar de Hollywood, Citizen Four. Una vez más nos asomamos al blog del colaborador de este Centro, Pablo Fernández Iglesias, quien nos ofrece una reseña y su punto de vista al respecto.

Vale. Pero, y a todo esto... ¿Azul y negro? ¿Blanco y dorado? ;-) Comenta, comparte y conversa con nosotros en redes sociales. La ciberseguridad no acaba en un post diario.

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