viernes, 22 de abril de 2016

El cibercrimen también paga (y cada vez más)

Que los malos tomen nota: es difícil, pero no imposible, demostrar que alguien cometió un delito en el ciberespacio. Dos importantes sentencias lo han corroborado esta semana. Y es que poco a poco el crimen también paga en Internet y no siempre la superioridad técnica es sinónimo de impunidad. Grandes expertos han sido cazados por despistes o, peor, por su ego.


Panin, autor de SpyEye
Nos lo contaba el lunes la abogada Ruth Sala, nuestra entrevistada de esta semana y muestra viviente de que cada vez más abogados aplican los codos para aprender los entresijos técnicos, sin los cuales es imposible llevar un caso en Internet.

Gracias al trabajo duro a la par que original de profesionales como Ruth Sala estamos todos menos desvalidos y celebramos sentencias como las que hemos conocido esta semana: 7 años de prisión para Dmitry Fedotov, alias Paunch, autor de Blackhole, uno de los "exploit kit" más famosos de la historia, pionero en el modelo "alquila-un-exploit-kit". Paunch y su banda pasarán entre 5 y 8 años en prisión por provocar daños por 25 millones de rublos a diversos bancos.

Otros que se han cubierto de gloria son un ruso y un algeriano, involucrados en la creación, mantenimiento y comercialización del troyano bancario y botnet financiera SpyEye. Aleksandr Andreevich Panin (Gribodemon), el desarrollador del troyano según el FBI, ha sido condenado a 9 años de prisión y Hamza Bendelladj (Bx1), quien desarrolló diversos módulos y el backend, a 15.

Otras noticias que han captado especialmente nuestra atención esta semana se alejan del cibercrimen pero no mucho: el MIT afirma haber creado un sistema basado en Inteligencia Artificial que puede detectar mejor los ataques digitales, concretamente el triple de bien que el resto de sistemas de este estilo.

Otra información que destacábamos a principio de semana y que han amplificado las redes sociales se refería a cómo un hacker alemán demostró a un político de Estados Unidos lo fácil que era espiarle sin conocer más información que su número de teléfono móvil. Por suerte, era solo una demostración aunque nadie puede saber a ciencia cierta si se habrá llevado ya a cabo este ataque en "fuego real".

Son las luces y sombras del cibercrimen, escurridizo, impredecible pero, por suerte, no totalmente impune.


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