viernes, 22 de julio de 2016

Las fronteras sirven de poco hoy en día

Durante miles de años, una de las formas de estar relativamente seguros era hacer respetar las fronteras: si algo no me gusta, no lo dejo entrar, y así no existe en mi país, en mi sociedad o en mi entorno. Con los tiempos digitales parece claro que esas doctrinas basadas en defensa perimetral han saltado por los aires, y por eso mismo es sorprendente que todavía haya quien recurra a ellas. Es como si aun quedara por aprender la lección básica: de poco me sirve poner guardias en la frontera, si lo que no me gusta ya está conviviendo conmigo... aunque me empeñe en no verlo.

Algo similar le ocurre al presidente de Turquía, Recep Tayip Erdogan, que tan pronto decide poner cotos a las redes sociales como bloquear en su país a Wikileaks, después de que la organización de Assange filtrara unos 300.000 correos electrónicos comprometedores con su Administración: si no lo ven, no existe, debió pensar el líder turco. Unos días antes de este "bloqueo", y cuando la red había anunciado la filtración de estos documentos, un tweet de Wikileaks ya anunció que se encontraba bajo un ataque sostenido. Y eso, cuando el país se acaba de reponer del intento de golpe de Estado, que supuso otro "bloqueo" a sitios como Youtube, Facebook y Twitter. El entrecomillado de "bloqueo" no es gratuito: la población que quería contar al mundo lo que estaba sucediendo lo hacía mediante VPN. ¿Fronteras en tiempos digitales?

Hablando de Twitter, esta plataforma sí ha sabido poner una valla digital donde le correspondía hacerlo: en las usurpaciones de identidad, que afectan sobre todo a personalidades y profesionales de renombre. La red social ha abierto su política para la verificación de cuentas para que todo el mundo pueda solicitar el conocido "tick azul". Que lo consiga o no (depende de Twitter), es otro cantar; pero al menos la solicitud es posible.

En definitiva, sitiar las fronteras sirve de poco, porque el enemigo ya no está en las fronteras. Puedes haber puesto muy bien los límites por los que tus empleados pueden moverse en Internet, y que en un lugar legítimo te aparezca una aplicación legítima para tareas administrativas... Con un "regalito" escondido en forma de malware bancario. "Malware donde las víctimas menos se lo esperan", titulaba, y con acierto, Ars Technica al tratar este asunto.

Cómo estará de revuelto el río de lo digital, que para la comunidad Tor la noticia y el mazazo de la semana ha sido el anuncio de uno de sus veteranos, Lucky Green: se acabó, deja la "cebolla". Lo hace por porque no le quedaba "más opción dentro de los límites de la ética", según el mensaje que ha dejado para anunciar su decisión, en el que también exhorta a los desarrolladores a emular Tonga, el nodo gestionado por Green y que verá su fin el próximo 31 de agosto.

Y para rematar lo que ha dado de sí esta semana, y como es costumbre, recomendamos también un repaso por nuestros últimos posts: la entrevista con José Luis Gilpérez (español / inglés), y un informe sobre la escasez de recursos frente a las amenazas en entornos corporativos (español / inglés).

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