viernes, 5 de agosto de 2016

Los trileros se adueñan de las noticias

Trile, mosqueta o Pepito paga doble. Da lo mismo. Es el mismo juego, basado en la premisa del engaño, para estafar dinero a la concurrencia. Y es en eso, en puro trile, en lo que se ha convertido la actualidad de la ciberseguridad esta semana. Siempre es así de una u otra forma, pero estos últimos días de forma evidente: la bolita nunca está donde uno creía que estaba, sino debajo de otro cubilete (o cáscara, según la imagen que nos acompaña). El estafador se lleva lo que es tuyo, y no pidas reclamación: ya sabías que podía ser una trampa.

Como los mensajes de Whatsapp que creías borrados. Pues no. Ahí están, a la espera de alguien con la suficiente sagacidad como para encontrar el agujero por el que traerlos de vuelta a la vida. Claro, es el precio a pagar por haber estado décadas conformándonos con que el borrado de los archivos nunca fuera terminante salvo un formateo letal. Pues ahora pagamos las consecuencias. Cubilete erróneo.

Como la venta de Yahoo a Verizon, con la que la señora Meyer, CEO del antiguo imperio de Internet, podría pensar que sus quebraderos de cabeza han terminado. Error de nuevo: solo unos días después de la noticia, 200 millones de cuentas habrían saltado por los aires, y se habrían hecho públicas para delicia de los amigos de lo ajeno. Al menos, el escándalo lo compartirá con los nuevos propietarios.

¿Crees que ir a votar será toda la vida un proceso limpio y transparente? Seguro que los Gobiernos lo pretenden (quiénes somos para negarlo), pero para los muchachos del pasamontañas digital puede ser una de sus nuevas aficiones más rentables en términos de influencia. Un estudio publicado esta misma semana ponía sobre la mesa el necesario debate de si ir a las urnas no será poco más o menos como ir a jugársela con trileros.

Para trile, el que le hicieron a un grupo de hackers que había anunciado un ataque DDoS contra de Pokemon Go. La jugada les salió de auténtico facepalm: un grupo al menos con tan malas intenciones como la suyas, les hackeó los servidores y los dejó inutilizados. Guerras entre trileros entre tipos que una buena mañana deciden asaltar un repositorio open source y cambiar todos los instaladores por malware, y si te tocó la china, mala suerte.

Bravo por aquellos que nos avisan a tiempo, aunque sea jugando con las reglas de los otros, de que cualquier día tu vehículo "inteligente" puede pegar un volantazo y sacarte de la carretera, y no por un error del software, sino porque alguien desde fuera le ha dado esa instrucción o cualquier otra que se le ocurra.

Quizá no puedes evitar jugártela con trileros en el mundo actual. Pero sí puedes tomar conciencia de que son los reyes de la estafa, y por tanto tomar todas las precauciones antes de decir: la bolita está debajo de este cubilete.


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