lunes, 30 de enero de 2017

En el Internet de las cosas, las personas son una pieza fundamental

Hoy, hace un año...

El término Internet of Things (IoT) ha pasado en muy poco tiempo de ser empleado por geeks y frikis de la tecnología a formar parte de las conversaciones del internauta común. Un universo de máquina conectadas entre sí y que se relacionan entre ellas de forma autónoma que ha dejado de ser el argumento de una novela o una película de ciencia ficción para convertirse en una realidad cotidiana con un crecimiento imparable. Pero no debemos preocuparnos, porque entre tanta máquina siempre quedará espacio para que los humanos participemos en el proceso. 





Como cada lunes, nos embarcarnos en nuestra cápsula del tiempo y retrocedemos un año, para tomar perspectiva y ver cómo hemos evolucionado en el sector del IoT en cuestiones de ciberseguridad. Había ya muchos casos destacables sobre este asunto: un timbre que puede desvelar las contraseñas de nuestra red wifi, un termómetro que asegura necesitar acceso a nuestras fotos, un hospital que publica las radiografías de sus pacientes por error, pero de todos ellos nos llamó especialmente la atención el caso de una familia de Washington cuyo "baby monitor" fue hackeado y que lo descubrió porque su hijo de 3 años, contó a sus padres que un hombre hablaba con él por las noches, en su habitación, y no era un amigo imaginario, sino un hacker.

Un ejemplo de los peligros a los que se enfrenta el desarrollo del IoT nos llegó desde Melbourne, donde el Royal Melbourne Hospital seguía operando con el obsoleto y desactualizado Windows XP, lo que facilitó el ataque de un virus que llegó a paralizar la actividad diaria del hospital, haciendo que tareas como el procesado de sangre, tejidos y orina se tuviesen que realizar "a mano", poniendo de manifiesto que el componente humano debe mantenerse, aunque sea como opción de reserva para casos de emergencia.

También destacábamos hace un año cómo un virus había dañado y paralizado los sistemas informáticos de la Autoridad Eléctrica de Israel, tal y como informada el ministro de energía de aquel país. Poniendo de nuevo sobre la mesa uno de los aspectos críticos del IoT... que las máquinas pueden conectarse y trabajar solas, pero necesitan ser supervisadas por humanos para evitar que un fallo crítico o un ataque informático desactive sectores claves para el sostenimiento de la sociedad o la economía.

Y hablado de ataques, también hace un año se estableció un nuevo y aciago récord mundial: un ataque DDoS de 500 terroríficos Gbps de potencia, según el informe anual  presentado por Arbor Networks. El anterior récord era para el ataque contra Spamhaus, que llegó a los 300 Gbps, lo que supuso un salto cuantitativo importante... y preocupante, dado que los DDoS continúan creciendo y se orientan cada vez más a la extorsión.

Tras este repaso y comprándolo con las noticias actuales, podemos concluir que se ha avanzado mucho en la implantación generalizada del IoT, pero que en materia de ciberseguridad aún queda mucho camino por recorrer en este sector. Corresponde a los profesionales del sector, a las empresas y a las instituciones garantizar un entorno seguro que permita desarrollar al máximo el potencial del IoT, para que la sociedad pueda aprovecharse de sus múltiples ventajas, pero sin que tengamos que mirar siempre por encima del hombro preocupados por la seguridad y contando con un plan B por si las máquinas se rebelan. Y es por eso que los humanos seguiremos siendo una pieza indispensable en el mundo de las máquinas interconectadas. 


Imagen: freeimages.com.

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