miércoles, 19 de abril de 2017

Mr. Ripley anda suelto por la red

El estudio de la semana

La escritora Patricia Highsmith creo a mediados del siglo XX a Tom Ripley, un joven con un talento innato para la supervivencia. Adaptado varias veces al cine (la más célebre, aquella película dirigida por Anthony Minghella y protagonizada por Matt Damon), se convirtió en un personaje reconocido por saber habituarse a cualquier situación y mimetizarse con su entorno. Estas habilidades le permitían suplantar a diversas personas sin apenas esfuerzo. 



Aunque esta capacidad no está al alcance de todo el mundo, con la llegada de internet cualquiera puede ser Mr. Ripley y hacerse pasar por otra persona sin que nadie lo sepa. Por eso, el robo de identidad se convierte en una de las principales preocupaciones de todos los expertos en ciberseguridad. 


En nuestro estudio de la semana, nos hemos acordado de este personaje al conocer los datos recogidos por Identity Theft Resource Center. El robo de identidad es algo que afecta principalmente a los individuos. Por esto mismo, muchos empresarios creen que no es un factor de riesgo para sus empresas. No podrían estar más equivocados.

La encuesta, centrada en las secuelas del robo de identidad, muestra unos datos aterradores. Más de la mitad de las víctimas de robo de identidad que resultaron en fraude fiscal tuvieron que pedir prestado dinero a familiares y amigos y casi la mitad no pudieron afrontar sus obligaciones. 1 de cada tres tuvieron que solicitar alguna forma de ayuda gubernamental, y un 13 por ciento tuvo que obtener un anticipo del sueldo.

Una de las principales secuelas que produce el robo de identidad es la paranoia constante. Según uno de los participantes, “Es una preocupación constante que alguien todavía pueda usar mi información. Congelo todas mis cuentas y cada vez que hago cualquier cosa que requiera mis datos tengo que descongelar mi información para poder usarla".

Pero como os adelantábamos, el robo de identidad también puede ser un grave dolor de cabeza para los empresarios. Según un estudio realizado por el Instituto Ponemon, las victimas de un robo de identidad utilizan alrededor de 175 horas de trabajo para abordar sus casos de robo. Esto se traduce en 21 jornadas laborales al año desperdiciadas. Los empleados pueden estar en su puesto de trabajo, pero la distracción que experimentan tendrá un gran impacto en su productividad.

Igual que a lo largo de su vida (ficticia, claro está) Mr. Ripley pudo convertirse en varias personas diferentes, podemos observar que el robo de identidad puede aparecer de diferente forma. Fraude relacionado con el empleo, tarjetas de crédito, fraude bancario, fraude telefónico... Sin embargo, parece que en los últimos años se ha acomodado en el nicho de fraude de impuestos.

El IRS ha respondido a estos datos aumentando sus esfuerzos de campaña de educación y concienciación. Aunque ha habido algunos resultados positivos, no podemos olvidarnos que tanto los usuarios como las empresas jugamos un papel importante en esta lucha.

A los usuarios se les aconseja que presenten sus impuestos lo antes posible, se mantengan informados sobre los últimos esquemas fraudulentos, protejan sus ordenadores y dispositivos móviles, eviten proporcionar información personal por teléfono o por correo electrónico y destruir cualquier documento relacionado con impuestos que ya no son necesarios.

Por otro lado, las empresas deberían invertir y desarrollar tecnología que ayudase a parar la gran mayoría de los emails maliciosos y bloquear las web peligrosas, pero por encima de todo educar a sus trabajadores. Un pequeño manual con consejos, como no hacer click en un enlace sospechoso de un mail o el proceso a seguir para informar de un incidente deberían ser imprescindibles.

Mr. Ripley aprovechaba su “talento” para aprovecharse de los demás y vivir sin apenas esfuerzo. Los cibercriminales también utilizan sus habilidades para suplantar a los usuarios y poder así lucrarse de los más descuidados. Sin embargo, luchamos día a día para coger a estos impostores.

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